Mi camino en la Bujinkan: Técnica, boato y la dignidad de no deberle nada a nadie
Nací en 1946 y, sigo convencido de que la curiosidad es mi principal ventaja competitiva. Esa misma inquietud me llevó a la Bujinkan, una disciplina que se presenta como un camino de supervivencia y naturalidad, pero que, al institucionalizarse globalmente, ha levantado muros de dogma y ha instalado peajes que hoy me propongo analizar sin pedir permiso.
1. El Maestro: ¿Figura Divina o Padre Humano?
En la doctrina oriental más rígida, se enseña que el alumno debe ir al maestro, rindiendo culto a una jerarquía vertical donde el instructor es un eje inamovible. Sin embargo, mi experiencia de vida manejando equipos numerosos me enseñó algo distinto: el verdadero líder es quien conoce el territorio y la humanidad de su gente.
Propuse, con ironia, invitar a a comer un asado a un Shihan que visita Argentina. Mi intención era simple: que vieran cómo vive el practicante real, compartir una copa y una charla de "bueyes perdidos" fuera del ámbito del dōjō. La respuesta, filtrada por el sistema, siempre es la misma: protocolos "aburridos" —según sus propias palabras— que se deben cumplir y distancias sagradas que no se pueden acortar.
Yo creo que el maestro debe ser como un buen padre. Si el hijo, por las vueltas de la vida, no puede ir al padre, el padre baja al hijo. El asado iguala; quita el uniforme y deja al hombre. Si el sistema teme esa horizontalidad, es porque necesita mantener un misterio que justifique su estructura de poder.
2. La Trampa del Dogma y el Trasfondo Económico
Toda organización que crece corre el riesgo de volverse una iglesia dedogmas que está prohibido discutir. Pero detrás de la mística, a menudo aparece el trasfondo económico. Las estructuras se vuelven rígidas para cubrir los costos de una pirámide que exige tributos constantes a través de membresías y estadías costosas.
Desde el primer día, le puse las cartas sobre la mesa a mi instructor:
—Te pago la cuota a vos por tu sacrificio y conocimiento. Pero no me pidas que pague sellos, membresías ni diezmos internacionales porque no lo voy a hacer. No quiero cinturones, ni parches, ni papeles firmados por quien no conozco.
He decidido practicar un Budō soberano. Mi "verdadera medida" no se firma con un pincel en un escritorio lejano; se mide en mi capacidad de moverme, de entender el Taijutsu y de mantener la lucidez mental. El conocimiento es del cuerpo que lo entrena, no de la oficina que lo autoriza.
3. La Institución frente a la Realidad
He visto compañeros que se niegan a practicar lo básico en un parque porque "no corresponde" o porque consideran una "falta de respeto al maestro" entrenar sin supervisión oficial. Si un practicante no puede encontrarse con un par en una plaza para pulir lo aprendido, entonces no es un guerrero buscando eficacia, es un feligrés cuidando una forma vacía.
Incluso los nombres de las salas de entrenamiento parecen funcionar hoy como meras franquicias. Si la continuidad de un espacio de práctica depende de una "autorización" externa basada en la rentabilidad o el pago de cánones, entonces el ideal marcial ha sido secuestrado por el marketing.
4. El Pelo Violeta de Hatsumi: El Retorno al Origen
Alrededor del año 2014, cuando ya promediaba los 80 años y habitaba la cima de su creación, Masaaki Hatsumi decidió romper con la última convención que le quedaba: la estética del maestro solemne. Dejó atrás el cabello tradicional y apareció ante sus discípulos con el pelo teñido de un violeta vibrante, vistiendo remeras anaranjadas y gorras coloridas.
Este no fue un capricho estético ni una excentricidad senil; fue un acto de disrupción absoluta. Fue su manera de anunciar su retorno al corazón de niño (Shin-Jin). Al alcanzar la maestría total, Hatsumi eligió el juego por sobre el protocolo, demostrando que la verdadera libertad consiste en no ser rehén de la propia institución ni de las expectativas ajenas. Mientras sus apóstoles se hundían en la rigidez de los uniformes negros, el creador estaba jugando. Él se despojó del boato justo cuando el sistema más lo veneraba.
Y sin embargo, no todo es crítica. Porque si el sistema falla, el espíritu sigue vivo.
Epílogo: La madera y el viento
Al final del día, todo tiene que ver con todo. Mientras el sistema ofrece cartones y sellos a cambio de dólares, yo atesoro un Tanto de madera que me regaló un compañero carpintero. Lleva grabada la palabra TAKA (Halcón), recordándome el linaje de Takamatsu y la visión clara que no necesita de intermediarios.
Tiempo después, ese mismo gesto se completó con una nota que me hicieron llegar, firmada al pie con el nombre Ryuho. La guardo como mi verdadera graduación. Dice:
"Corre, así como el halcón vuela no por presumido, sino para sentir el viento en el alma".
Yo, elijo ese vuelo. Sigo corriendo y entrenando no para que me vean, sino para ocupar mi lugar bajo el cielo con la dignidad de quien no le debe nada a nadie.
La autonomía no es negociable; la libertad de sentir ese viento es la única maestría que realmente cuenta.
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