Ayer 9abr Practicamos Muso Dori A.T.R.
Ayer en el Dojo toco la práctica de Muso Dori y alguna de sus Henka.
Pero no se puede asimilar esta Wasa sino se entiende su significa filosofico Muto Dori
Muso Dori: El Arte de Envolver la Intención
Para comprender lo que se trabaja en el dojo cuando practicamos Muso Dori, debemos alejar la mirada de la mecánica del brazo y ponerla en la dinámica de las voluntades. Esta forma no se trata de someter a una persona mediante la fuerza, sino de anular su agresión a través de la transparencia.
En la práctica, Muso Dori se manifiesta como un movimiento donde no hay choque. Cuando el atacante proyecta su fuerza, no encuentra una pared, sino un vacío que lo envuelve. Es el arte de capturar el equilibrio del otro en el preciso instante en que él cree que tiene el control. No es un acto de "hacer algo" al oponente, sino de permitir que el oponente se derrote a sí mismo al no encontrar resistencia donde esperaba encontrar un obstáculo.
La verdadera profundidad de esta práctica reside en su ubicación filosófica dentro del camino del guerrero. Muso Dori es, en esencia, la preparación mental para el Mutō Dori (la capacidad de enfrentar el peligro desarmado).
El Estado de Muso (Sin Pensamiento): El nombre de la forma nos indica un estado de "no ilusión". Filosóficamente, esto significa actuar sin una intención premeditada de "ganar". Si el practicante intenta "hacer" la técnica, está atrapado en su propio ego. Al practicar Muso Dori, entrenamos al espíritu para que responda desde el vacío, eliminando el ruido del pensamiento.
El Puente hacia Mutō Dori: Aquí es donde la técnica se vuelve trascendental. Hatsumi Soke enseña que el Mutō Dori (vencer sin espada) no es una habilidad física, sino una ubicación espiritual. Para poder estar frente a una espada desarmado, uno debe haber integrado primero el principio de Muso Dori: la capacidad de moverse con libertad absoluta, sin miedos ni deseos.
Practicamos Muso Dori para limpiar el movimiento de toda intención innecesaria. Es el laboratorio donde aprendemos a ser "nada", para que cuando el peligro sea extremo —como en el Mutō Dori—, nuestra respuesta sea un reflejo de la naturaleza misma: fluida, inevitable y libre de la carga del pensamiento.

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