Juppō Sesshō: cuando no hay dirección, no hay oposición
Antes de empezar, una aclaración necesaria. Soy practicante inicial de Bujinkan, y tengo 80 años. No escribo esto desde la experiencia de quien ya transitó el camino completo. Lo escribo desde la curiosidad de quien observa, lee, entrena lo que puede, y trata de entender algo que probablemente excede lo que puede entenderse solo con palabras. Lo que sigue es una interpretación, no un testimonio.
La mayoría habla de Juppō Sesshō como si fuera un concepto elevado, abstracto, casi místico. Pero la verdad es más simple y más incómoda: la mayoría no lo ha experimentado. Y yo tampoco. Lo que sí creo es que se puede hablar honestamente de algo sin haberlo vivido del todo, siempre que se diga desde dónde se habla.
Juppō Sesshō se traduce como "diez direcciones". Pero quien lo entiende solo así ya empezó mal. No se trata de moverse hacia todos lados, ni de tener muchas opciones, ni de ser rápido. Se trata de algo más radical: no tener una dirección fija. Porque en el instante en que se elige una dirección, uno se vuelve predecible. Y en ese momento, ya se perdió.
Se dice que Juppō Sesshō es "fluir" o "adaptarse". Otros lo adornan con palabras como armonía o conexión. El entrenamiento honesto sugiere que eso no alcanza. Porque en una situación real no hay tiempo para buscar armonía, no hay margen para interpretar conceptos. O se está, o no se está. Y si se necesita pensar lo que se va a hacer, ya se llegó tarde.
Lo que más me interesa de este concepto no es la técnica en sí, sino lo que ocurre cuando la técnica ya no ocupa el primer plano. Se entrena el cuerpo. Se entrena la técnica. Muy pocos entrenan el espacio. Y sin embargo, es ahí donde parece ocurrir todo. No se controla al oponente porque se es más fuerte o porque se ejecuta mejor una técnica. Se lo controla porque ya se ocupaba el espacio donde él iba a existir.
Hay una señal que se menciona entre quienes han estado cerca de esto: cuando Juppō Sesshō aparece de verdad, el otro pierde el equilibrio sin saber por qué, llega tarde sin entender cómo, queda atrapado sin ver el momento exacto. No hay choque evidente, no hay técnica visible. Solo una sensación del lado del uke: "no pude hacer nada". Si el compañero puede explicar lo que pasó, probablemente no era Juppō Sesshō.
La técnica es necesaria. Pero también es una trampa, porque fija direcciones, define inicios y finales, da seguridad... pero también limita. Juppō Sesshō ocurre justamente cuando eso se rompe. No porque se abandone la técnica, sino porque ya no se depende de ella.
Por lo general se dice que "Juppō Sesshō se entrena". Desde mi lectura, no estoy de acuerdo, o al menos no del todo. Lo que se entrena es la técnica, toda la vida, sin descanso. Pero se entrena con tanta honestidad que en el momento de la aplicación la técnica pura pasa a segundo plano. No porque se abandone, sino porque ya no hace falta pensar en ella.
Un pianista de concierto practica escalas todos los días. Nunca abandona la técnica. Pero llega un punto donde no necesita pensar en escalas para crear algo importante. En el escenario, las escalas están ahí, pero desaparecen de la atención consciente. Y es precisamente porque fueron entrenadas sin atajos durante años que pueden desaparecer. En el Budō ocurre algo parecido. Lo que se entrena es concreto: postura, desplazamiento, ángulos, distancia, percepción. Lo que ocurre cuando todo eso está asimilado es de otro orden, y ese otro orden no se entrena directamente. Ocurre, o no ocurre.
Lo interpreto como un estado de consciencia sin pensamiento deliberado. No es inconsciencia, no es estar dormido. Es estar completamente presente sin que la mente esté diciendo qué hacer. Y no se persigue: se permite. Solo se permite después de mucho entrenamiento honesto, sin atajos, sin fantasía, sin engañarse.
Convertir esto en algo que aplicar es destruirlo. En el momento en que alguien dice "ahora voy a hacer Juppō Sesshō", ya está fuera. No es una meta. Es una consecuencia de un entrenamiento correcto y sostenido. Aparece cuando se deja de interferir con lo que ya debería estar ocurriendo.
Yo estoy lejos de eso. Pero me parece que vale la pena pensarlo, aunque sea desde afuera.

Comentarios
Publicar un comentario